Discurso de apertura del Dr. Servio Tulio Castaños en el panel "Balance del Sistema de Justicia en el 2017 y Retos para el 2018" Featured

Me complace extender a todos los presentes una grata bienvenida en nombre de la Coalición Acción por la Justicia y la Seguridad a este interesante encuentro en el cual converge el interés de diversas instituciones que se han comprometido con el desarrollo del sistema y el de la ciudadanía en general, teniendo como enfoque propiciar un escenario de evaluación en materia de avances y retos del sistema de justicia y de los órganos que lo componen.

 

Sin dudas el fortalecimiento institucional del Sistema de Justicia se ha convertido en una de las máximas prioridades en la agenda de la sociedad dominicana, dadas las serias debilidades de las cuales hemos sido testigos que agravan la desconfianza ciudadana. De lo anterior, se desprende la necesidad de hacer un ejercicio constructivo que permita pasar balance a nuestro Sistema de Justicia tomando en consideración el discurrir de este año 2017, a partir de ahí estaremos prestos a observar y analizar con mayor objetividad cuál es la situación real de nuestros órganos de justicia y los retos que tienen pendientes enfrentar de cara al 2018.

 

El entramado que conforma la justicia dominicana aparece aún con muchas zonas que ameritan mejoramiento y renovación, pues es notorio que no se han alcanzado los niveles de eficiencia, transparencia y previsibilidad necesarios para garantizar la seguridad jurídica imprescindible para el desarrollo económico y social nacional. Asimismo se manifiesta un resquebrajamiento de la legitimidad del sistema de justicia por los bajos niveles de credibilidad y confianza ciudadana en sus órganos.

 

Las debilidades institucionales que enfrentamos no parecen corresponderse con los avances derivados de importantes procesos de reformas sucedidos a partir de la última década del pasado siglo XX orientados a reformular los marcos legales de acuerdo a las nuevas tendencias democratizadoras en auge en toda la región de Latinoamérica.

 

Ciertamente para nadie es un secreto que los órganos del Sistema de Justicia pasan por un período de crisis en la República Dominicana. Esto se manifiesta en una multiplicidad de recientes estudios internacionales y nacionales, como a los que se referirán los expertos que hoy nos acompañan destacando la magnitud del problema.

 

Al mirar los datos del mapa de soborno de Latinobarómetro 2017 resalta que nos situamos, junto a Venezuela y Paraguay, como los países que tienen más alta percepción de soborno. Y es que la mitad o más de la población perciben que en un 56% se puede sobornar a un policía, en un 46% a un juez o un funcionario del ministerio público.[1] Sin lugar a dudas esto socava los fundamentos de la convivencia democrática del Estado, con lo que se vuelve muy difícil sumar esfuerzos y concertar voluntades para lograr los objetivos de desarrollo.

 

En ese mismo orden, los datos del Barómetro de las Américas 2017 revelan que en el campo de la delincuencia, corrupción, y la confianza en el sistema de justica, República Dominicana no registra progresos, por lo que se concluye que si la ciudadanía no confía en el sistema de justicia ni en órganos que inciden como la policía esto se convierte en un indicador de déficit democrático y augura poca efectividad de estas instituciones en sus tareas fundamentales de gestionar el orden social.

 

Por otro lado, estudios realizados a lo interno de la Fundación Institucionalidad y Justicia, INC (FINJUS) en el presente año, los cuales serán socializados en breve plazo, reflejan un atraso considerable en materia de fortalecimiento de las capacidades institucionales del sistema de justicia. A modo de ilustración, la partida presupuestaria del Poder Judicial promedia menos del 1% con relación al presupuesto nacional lo que no alcanza siquiera la mitad del 2.66% asignado en la normativa correspondiente. 

 

De igual manera, con relación al Poder Judicial, las incidencias del presente año 2017 mostraron otras limitaciones y debilidades existentes como: decisiones reglamentarias[2] que aún no han logrado ponerse a tono con las expectativas que se derivan de las profundas innovaciones jurídicas de la Constitución del 2010; casos paradigmáticos de corrupción que han arropado al Poder Judicial dejando una percepción de una aplicación discriminada de justicia; y una justicia ejemplificadora aclamada por la sociedad que se encuentra en un compás de espera.

 

En los últimos años, el Poder Judicial ha reflejado otra de sus mayores debilidades que queda pendiente superar la cual consiste en una merma de la independencia interna y externa de este poder frente a poderes políticos y grupos económicos. Es por ello que el mayor reto para este 2018 es contar con jueces con vocación democrática, lo cual implica su independencia e imparcialidad en la toma de decisiones, para respetar la supremacía constitucional y proteger los derechos fundamentales.

 

Otro aspecto que debe ser abordado con precisión es el fortalecimiento de las capacidades institucionales del Ministerio Publico como órgano que mantiene el monopolio de la persecución de la acción pública.

 

Así también, debe reestructurarse el esquema de la policía en cuanto principal órgano auxiliar de la investigación penal dirigida por el Ministerio Público. El subsistema policial constituye una de las piezas angulares del sistema de justicia penal. No se puede pretender que los jueces decidan sin pruebas idóneas, pues la Constitución promete que “nadie podrá ser juzgado –ni castigado– sin haber sido oído o debidamente citado, ni sin observancia de los procedimientos que establezca la ley para asegurar un juicio imparcial y el ejercicio del derecho de defensa.”

 

De ahí, que se precise de una labor coordinada entre el Ministerio Público y los técnicos investigadores policiales de modo que la investigación, cuya etapa inicial es crucial, pueda estar orientada a destruir, más allá de toda duda razonable y con estricto apego a las normas del debido proceso, la presunción de inocencia que nuestro ordenamiento jurídico reconoce a todo imputado.

 

En ese marco, tanto el Poder Judicial como el Ministerio Público, necesitan evaluar, los mecanismos de disciplina y remoción de jueces, fiscales, funcionarios y empleados de ambos organismos. Fortalecer estos aspectos contribuirá a la institucionalización de estos dos pilares del sistema de justicia en nuestro país  esenciales para el fortalecimiento del Estado de derecho y la institucionalidad democrática.

 

Por último, desde la sociedad exigimos que los Poderes del Estados den respuestas firmes y acertadas a estos desafíos que han quedado pendientes de las iniciadas reformas en los últimos años. Para encararlos, reiteramos ante los honorables magistrados del sistema de Justicia presentes, tanto del Poder Judicial como del Ministerio Público y frente a la sociedad en general, nuestro compromiso de seguir propiciando escenarios en los cuales se socialicen propuestas jurídicas e institucionales que sean constructivas, factibles y apegadas a nuestro ordenamiento constitucional y legal, en beneficio del fortalecimiento institucional del Estado.

 

 

Dr. Servio Tulio Castaño G.

Fundación Institucionalidad y Justicia Inc. (FINJUS)

6 de diciembre, 2017

 

 

[1] Según el mapa del soborno del Latinobarómetro los países que tienen más alta percepción de soborno son Venezuela, Paraguay y República Dominicana con la mitad o más de la población que dice que se puede sobornar a un policía, un juez o un funcionario de ministerio.

[2] Ver casos de traslados de jueces por parte del Poder Judicial

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